La Historia del Jiu-Jitsu: del Japón feudal al
mundo con el Gracie Jiu-Jitsu
Aunque leyendas populares asocian las raíces
remotas de la lucha sin armas a antiguos monjes
de la India y de China, la historia documentada
del jiu-jitsu (jūjutsu, el «arte suave») nace en
el Japón feudal, en el siglo XVI. Desarrollado
en los campos de batalla por los samuráis como
método de defensa personal para las situaciones
en que el guerrero perdía su espada, el
jiu-jitsu se basaba en el equilibrio, las
palancas, las proyecciones y las llaves
articulares, lo que permitía usar la fuerza del
propio oponente contra él.
La evolución en Japón
Durante siglos, el jiu-jitsu se multiplicó en
diversas escuelas tradicionales de samuráis. En
el siglo XIX, el maestro Jigorō Kanō (1860–1938)
destacó al sistematizar y perfeccionar esas
técnicas, creando el Judo y fundando el Kōdōkan.
Kanō priorizó las proyecciones y el control en
el suelo, e introdujo un enfoque más científico
y educativo en las artes marciales.
Entre sus alumnos estuvo Mitsuyo Maeda
(1878–1941), conocido como Conde Koma, que
llevaría ese conocimiento a Brasil.
La llegada a Brasil
A inicios del siglo XX, tras recorrer diversos
países aceptando desafíos, Maeda llegó a
Sudamérica y se estableció en Belém do Pará, en
el norte de Brasil. Allí conoció a Gastão
Gracie, un respetado hombre de negocios y figura
influyente de la región.
Gastão ayudó a Maeda a asentarse en Belém y, en
agradecimiento por esa ayuda, el maestro japonés
decidió enseñar su arte marcial al hijo mayor de
Gastão, Carlos Gracie.
Carlos, entonces un joven curioso y decidido,
pronto se enamoró del jiu-jitsu. Fascinado por
la eficiencia y la filosofía del arte, dedicó
toda su energía y disciplina al aprendizaje.
Años después, ya en Río de Janeiro, Carlos
convirtió su gran pasión en profesión y empezó a
enseñar jiu-jitsu. Para afianzar la credibilidad
de sus enseñanzas, lideró a sus hermanos en una
serie de desafíos.
El surgimiento del Gracie Jiu-Jitsu
El menor de los hermanos Gracie, Hélio Gracie,
era físicamente más frágil y tenía limitaciones
de salud desde niño. Por recomendación médica,
se mantuvo alejado de la actividad física y pasó
años observando las clases de sus hermanos.
Un día, con 16 años, cuando Carlos Gracie —su
hermano mayor e instructor— se retrasó para una
clase, Hélio se ofreció a empezar el
entrenamiento en su lugar. Sorprendentemente,
dirigió la clase con tanta calma y claridad que
el alumno, al terminar, dijo que le había
gustado mucho y pidió seguir entrenando con
Hélio a partir de entonces.
Aquel episodio marcó el inicio de su camino como
profesor y el nacimiento de una nueva forma de
practicar jiu-jitsu. Al enseñar, Hélio se dio
cuenta de que no podía ejecutar algunas técnicas
tradicionales con la misma fuerza y explosividad
que los demás. Decidido, empezó a adaptar los
movimientos, buscando más eficiencia a través de
la palanca, el posicionamiento y el uso
inteligente de la energía.
Con el tiempo, esas adaptaciones dieron origen a
un estilo completamente nuevo —más técnico,
estratégico y accesible—, capaz de permitir que
una persona más pequeña y ligera venciera a
oponentes más grandes y fuertes. Así nacía el
Gracie Jiu-Jitsu, conocido en todo el mundo como
el Jiu-Jitsu Brasileño (BJJ).
Desafíos y expansión
En las décadas siguientes, la familia Gracie
desafió a atletas de otras disciplinas y
demostró la eficacia del sistema en combates
reales y con pocas restricciones. Esos desafíos
públicos consolidaron su reputación en Brasil y
en el extranjero.
Reconocimiento mundial — el UFC
En 1993, el BJJ alcanzó proyección mundial con
el Ultimate Fighting Championship
(UFC). En representación de la familia, Royce
Gracie ganó el UFC 1, 2 y 4, superando a
adversarios más grandes con técnica, estrategia
y control. A partir de entonces, el Gracie
Jiu-Jitsu se difundió por todo el mundo y se
convirtió en la base del MMA moderno.